El encuentro con el trauma se anuda
al drama del amor incestuoso
tanto en la historia del psicoanálisis
como en la travesía de la cura. Este
encuentro no solo se desdobla en
el paso que da Freud de su teoría
de la seducción sexual, como
acontecimiento en el origen de las
neurosis, a la necesidad del fantasma
de seducción en la construcción
de la realidad edípica; sino que
también revela su lógica interna
en un desplazamiento del horror:
atravesar el horror al incesto implica
aceptar el deseo de realización
del amor incestuoso, desvalorizar
el goce de este amor y salir de la
realidad religiosa para acceder a
un más allá del fantasma en el cual
hay lugar para otro horror, el de lo
real. Atravesar este otro horror es
el nódulo del deseo del analista, el
comienzo del verdadero viaje, ese
que no mutila lo humano de su
relación con la Cosa, con el enigma
del origen.