La historia de Filipinas hasta hace pocas décadas ha resultado una de las grandes lagunas de la historiografía española, o al menos su estudio ha sido desproporcionado respecto a otras áreas geográficas donde la presencia hispana se cuenta por siglos. Esta falta de estudios, arrastrada quizás por la tendencia al «olvido» derivado del desastre del 98, ha intentado paliarse por los trabajos de investigadores especialmente desde los años sesenta.